La capillas de la nación Nasa

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La capillas de la nación Nasa

El Ministerio de Cultura restauró las capillas doctrineras ubicadas en los resguardos indígenas del departamento del Cauca. Con una inversión de $5.041’354.765 se espera fomentar su uso como centros culturales.

Capilla Resguardo de Chinas. Fotos: Archivo MinCultura

Tomado de mincultura.gov.co

Por Gustavo Bueno Rojas
Dirección de Patrimonio, MinCultura
Fotografías por: Jaime Acuña Lezama – @jacunalezama
 
El viento pega contra la montaña, se convierte en un rugido. El cielo, de un azul impoluto, se confunde con el verde de la Cordillera Occidental en donde crecen pinos, maíz, frijol. En el fondo del abismo, el rio Páez serpentea sigiloso por la falda del macizo, sus aguas frías y diáfanas tienen la fama de enfurecerse y arrasar con todo a su paso. Es un paisaje de silencio, en donde el grito se convierte en susurro o puede ser opacado por el canto de las aves, que en ese lugar trinan a sus anchas. Han pasado más de 500 años desde la llegada de los españoles a tierras americanas, en aquella época, como consta en las crónicas de indias, el territorio era adusto y salvaje, intransitable. Hoy, después de un poco más de cinco siglos, el camino parece no haber cambiado mucho. Para llegar a la región a la que los españoles bautizaron como Tierradentro, ubicada en los límites de los departamentos del Cauca y Huila, aún no es fácil. La carretera desde Popayán, la capital caucana, es una trocha en la que el recorrido se detiene por los derrumbes, aunque esto da tiempo para grabar en la retina el paisaje de montañas de un verde en vía de extinción y de frailejones, las plantas del páramo. Es un regalo de la naturaleza y de la vida estar allí, esperando a que la maquinaria pesada remueva la tierra que caprichosa se ha venido desde lo alto de la montaña.
Tierradentro es un lugar privilegiado. Según los astrólogos, es uno de los pocos sitios en el mundo en donde confluyen los cuatro elementos vitales: tierra, agua, fuego y aire lo que convierte a esta región, según ellos, en una zona adecuada para equilibrar las energías que mueven la vida. Además del parque arqueológico, en donde se encuentran vestigios de antiguas civilizaciones precolombinas, el camino de herradura que va desde Tierradentro hacia lo profundo de la cordillera, desemboca en diferentes resguardos indígenas de la cultura Páez, además de los municipios de Inzá y Belalcázar que ha conocido tres veces la furia del rio Páez. En 1993, 2007 y 2008, fue arrasado por sendas avalanchas.
Se sabe que para el siglo XVI los paeces cultivaban coca, yuca y maíz; que vivían dispersos y sobre todo, que resistieron fuertemente la entrada de los españoles en su territorio. Según el cronista de Indias Pedro Cieza de León, debían ser alrededor de unos 6.000 a 7.000 guerreros, lo cual hace suponer que existían entre 20.000 a 28.000 personas. El 40% de la población en este territorio pertenece a la nación Nasa, nombre usado recientemente por la comunidad Páez en el intento de recuperar su nombre prehispánico a cambio del dado por los conquistadores españoles desde 1537.Hoy los paeces conservan su lengua, la Nasa Yuwe, que aprenden antes que el castellano y acuden al médico tradicional, antes que a la medicina occidental y van al hospital sólo si el médico tradicional lo receta.
La mayoría de construcciones de los resguardos es a base de tierra y utilizan las técnicas de tapia pisada y adobe. También quedan vestigios de la colonización como las capillas doctrineras, que aún se conservan y el Ministerio de Cultura actualmente restaura en los territorios de Togoima, Suin, Chinas y Avirama, resguardos indígenas que pertenecen a los municipios de Inzá y Belalcázar.
Las Capillas Doctrineras deben su nombre a que la evangelización se realizó mediante el sistema de doctrinas. Según las ordenanzas reales, los encomenderos debían tener un clérigo o persona capaz de enseñar la religión cristiana a los indios. Las ordenanzas obligaban a los doctrineros a enseñar, a leer y a escribir a los niños e impartir la instrucción del catecismo, los artículos de la fe, los diez mandamientos, los siete pecados capitales, las obras de misericordia, las virtudes teologales y cardinales y las oraciones principales, además de vigilar minuciosamente la supresión de la idolatría. En este territorio en el siglo XVII, las misiones doctrineras construyeron 12 capillas en diferentes territorios, actualmente solo existen 6, de las cuales el Ministerio de Cultura restauró cuatro y en 2013, restauró una.
La capilla de Togoima y la Laguna Seca
María Lucinda Aquité tiene cincuenta y dos años, es ama de casa y catequista, fue gobernadora del cabildo de Togoima y también consejera, tiene cuatro hijos, dos mujeres y dos varones, ninguno vive en el cabildo. Lleva dos noches sin dormir, fue invitada a realizar un novenario en memoria de un joven del cabildo que acabó de fallecer. La capilla para María es parte esencial de su fe, allí ora y catequiza a los niños, aunque sabe que su fe también tiene otras raíces, cree y cuenta la historia de la Laguna Seca, con la misma devoción en que las dos noches anteriores rezó el rosario en el novenario del joven fallecido: “Se dice que la Laguna seca era grande. Que allí habitaba una serpiente, que se convertía en peinilla o en un rejo bien bonito y que cuando uno la iba a alzar se transformaba en serpiente y se comía a la persona. Para matarla, el médico tradicional hizo que los cazadores se pegaran unos chuzos muy afilados en el la ropa y cuando la culebra apareció, se lastimó con los chuzos que los hombres traían puestos y saltó a una palma y allí se convirtió en piedra. Siempre se murieron dos personas- dice María-, y los buitres dizque tuvieron comida como tres meses”.
La capilla de Togoima es pequeña y ha sufrido los embates del tiempo. Afuera, en la cancha de fútbol que queda en frente, dos hombres del resguardo cortan los rejos que sacan del cuero de la vaca para realizar los amarres de la cubierta. El resguardo de Togoima se encuentra ubicado a unos 40 minutos del municipio de Inzá y colinda con el de San Andrés, que está a unos pocos minutos de Tierradentro.

Resguardo de Togoima

Maria Lucinda habla en voz baja, un poco por el insomnio de las dos noches anteriores y un poco porque los paeces parecen apreciar el silencio, de repente un recuerdo de infancia la envuelve, tal vez un poco como la serpiente envolvía a los hombres que pasaban por la laguna seca: “Yo sé que la capilla la construyeron hace muchos años, no sé cuántos. Cuando yo estaba pequeña, en el cabildo había un señor que era renco y yo le preguntaba a mi mamá por qué él era así, ella me decía que un día cuando estaban arreglando la capilla, el señor se vino desde lo alto, cayó al suelo y quedó caminando así”.

El nombre del resguardo en Nasa Yuwe es Tuguima y está conformado por las veredas de Togoima centro – La Cruz de Togoima, San Vicente, Coquiyó, Mesa de Togoima, Villa Rodríguez. Afuera, en la cancha de fútbol que está en frente de la iglesia, niños y niñas juegan al fútbol. Todos caben en el campo de juego. La tarde Togoima cae lentamente, con la misma paciencia y calma con que transcurre la vida en el resguardo.
Aroma de miel de purga
Desde la cancha de fútbol, al costado oriente de la Capilla, se puede escuchar el río Páez. El resguardo de Avirama, llamado en lengua Nasa Yuwe, Piilamu, está ubicado en el Municipio de Páez. Limita al Norte con el resguardo de Tálaga y Chinas, al Oriente con el resguardo de Belalcázar, al sur con el resguardo de Togoima y por el occidente con el resguardo de Calderas Inzá. La Capilla doctrinera de San Miguel de Avirama fue construida en el siglo XVIII por iniciativa del padre Eugenio del CastilloOrozco y el Cacique Juan Tama. Según testimonios jesuitas como el del padre Ramírez, los indígenas paeces eran reconocidos como seres rebeldes y difíciles de gobernar: “la gente es la más bárbara e incapaz que se ha descubierto en América, de que con fundamento se pudo dudar que fueren racionales; su más conocida inclinación es al ocio y a la embriaguez, y ésta les obliga a juntarse a veces unas familias con otras, acabándose de ordinario con riñas, el regocijo de sus bebidas y siguiéndose de ellas otros pecados”.
Avirama tiene una extensión aproximada de 2.542 hectáreas, en donde se encuentran las veredas La Muralla, Chicaquiu, Guaquiyó, Agua bendita, Planada de Avirama, Avirama Centro, San Miguel y Las Delicias Rio Chiquito. Cuenta con una población aproximada de 3.250 habitantes.
Se respira un aire tranquilo y la comunidad se pasea por la calle principal en donde está ubicada la capilla en la que se realizan las obras de restauración y pueden ver cómo eran las técnicas los saberes constructivos ancestrales, gracias a que la mano de obra es local y aplican los saberes en las técnicas del bahareque y tapia, con el uso de materiales de origen vegetal y animal, el empleo de argamasas elaboradas con tierra, boñiga, miel de purga, pajay cal, y amarres en chillaza (bejuco natural) y rejo de cuero de ganado vacuno. La brisa lleva y trae por todo el resguardo el olor a tierra mezclado con miel de purga, con el que los hombres que trabajan en la capilla, la restauran.
El Cacique Uscué y San Antonio de Chinas
El viento en San Antonio de Chinas golpea como un látigo. Para llegar al resguardo hay que subir la montaña por una carretera angosta y despavimentada por casi una hora, en donde empieza un camino de herradura y es imposible que la camioneta lo transite. Luego hay que continuar a pie unos quince minutos para encontrarse con una inmensa cancha de fútbol y con la Capilla doctrinera de Chinas, que fue construida en el siglo XVIII y después de dos siglos conserva algunos rasgos de la original, como la tipología espacial, el arco toral original y la pintura mural que está en el altar principal. Lisandro Tenorio Guaicué fue el gobernador del cabildo en 2014 y asegura que lo que más le gusta de la restauración es que estén utilizando las mismas técnicas de construcción que usaban sus ancestros.
Lisandro camina despacio. Sabe que el tiempo puede ser un accesorio y lo contabiliza no por horas si no por días. Al lado occidental de la capilla está el cepo, lugar en donde los indígenas que infringen la ley del resguardo son castigados, colgándolos de los tobillos, con la cabeza hacia abajo. “Cuando estaban construyendo la iglesia”, dice Lisandro, “al que no venía a trabajar lo castigaban, porque esto fue un trabajo de la comunidad”. La construcción de la iglesia fue liderada por un antiguo cacique, “En esos días el cacique era Vicente Uscué, y un día estaban castigando a un comunero del resguardo, lo colgaron del cepo y se fueron a tomar trago a otro lado y se les olvidó que se hombre estaba allí, cuando regresaron, el tipo estaba muerto. Al cacique lo mandaron a la cárcel en Popayán y allí aprendió a hacer iglesias, cuando volvió, empezaron a hacer esta”.

Resguardo de Chinas

La capilla de Santa Rosa de Chinas, además erigirse como la edificación más grande del resguardo, tiene imágenes de santos, invaluables, realizadas posiblemente, en los talleres artesanales quiteños famosos en la colonia por su alta maestría en la talla de madera y la pintura. Por eso los españoles no dudaron en incorporarlos como herramienta para adoctrinar a los indígenas. En un taller de restauración improvisado, en donde los restauradores Margarita Guevara y Alberto Restrepo le dan de nuevo vida a las imágenes de santos, que son claves para entender el sincretismo que se dio en Tierradentro. Con una paciencia de hierro limpian las piezas de madera: un niño Dios acostado con rasgos indígenas y españoles; un retablo portátil en madera tallada que era utilizado por los doctrineros para para dar misas en campos abiertos, que un principio fueron traídos a América desde Europa, pero con el afán delos españoles predicar sus creencias, los terminaron haciendo los indígenas. Con el paso del tiempo y con la construcción de las capillas, estos retablos solo eran utilizados para las procesiones.

En Chinas empieza a nublarse, es imposible no pensar en la carretera mojada y en camino que falta por recorrer. Hay que llegar hasta Suin.
La capilla del frijol grande
Suin queda a una hora subiendo a pie desde Chinas. Es un resguardo pequeño. Las casas, la escuela y la capilla están alrededor de la cancha de fútbol. Tal vez si los curas doctrineros hubieran sabido que los ingleses iban a inventarse el fútbol, la única religión sin ateos, según Eduardo Galeano, hubieran construido las capillas lejos de algún campo abierto. El resguardo que en lengua Nasa se nombra Usswala y significa frijol grande, queda en la cima de la cordillera. Tiene una extensión de 806.56 hectáreas y lo componen unas 30 casas.
José Ronal Apio Pete tiene treinta y dos años y es gobernador del cabildo. Tiene clara su función y muestra con orgullo el bastón que lo identifica como la autoridad máxima. Lo más lejos que ha estado del resguardo, es cuando va a Popayán a reunirse con otras autoridades. Le gusta el fútbol, juega todos los lunes. “Tenemos un equipo aquí, que no es malo, pero todavía no nos animamos a competir en un torneo”, dice y sonríe. Ronal tiene el ímpetu de la juventud y ve con buenos ojos la restauración de la capilla “Nosotros necesitamos un lugar para reunirnos, para orar y la capilla estaba en muy mal estado. Cuando nos la entreguen, vamos a celebrarlo como se merece”. Ronal mira a su alrededor y con una amabilidad extrema, empieza un recorrido por el resguardo y su cultura. “nosotros vivimos de lo que cosechamos principalmente, frijol, maíz, papa, plátano, café. Les enseñamos nuestra lengua a los niños, que la aprenden muy rápido, antes que hablar español. Aquí nosotros no molestamos a nadie y esperamos que nadie nos moleste”, dice el gobernador.
La brisa en Suin cada vez es más fuerte. Se escucha cuando golpea las tejas de zinc, con que ahora construyen las casas en los resguardos de Tierradentro. El tiempo parece detenerse, de pronto es la sensación de estar tan arriba, encima de un frijol grande.
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Artículo publicado por el equipo editorial de Primera Plana

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