Cliff Palace: Una antigua ciudad bajo un acantilado de roca

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 El altiplano de Mesa Verde conforma un hermoso paisaje dominado por las sierras y los valles del suroeste de Colorado. El lugar donde florecieron, hace unos 1.400 años, las primeras aldeas erigidas por los indios anasazi, guarecidas por las vastas paredes de estos cañones y construidas entre farallones rocosos. Una cultura que desapareció antes de la llegada de los europeos a América, dejando tras sí los vestigios de su hermoso patrimonio.

Actualmente desconocemos con qué nombre se designaban a sí mismos los anasazi, pues este término es el nombre que dan los navajos contemporáneos a este antiguo pueblo que erigía ciudades de piedra al abrigo de los acantilados. Un vocablo que podría traducirse como “antiguos enemigos”, designando a esta cultura posiblemente relacionada con los “indios pueblo”, los indios autóctonos que heredaron su arquitectura, caracterizada por sus viviendas de varios niveles construidas con barro, piedra y vigas de madera. La historia de los anasazi sigue siendo un misterio debido a la ausencia de rastros escritos, aunque sí existen relatos tradicionales de los pueblos amerindios transmitidos oralmente, además de los restos arqueológicos que permiten establecer unas fechas aproximadas. El parque nacional de Mesa Verde alberga una gran cantidad de viviendas de esta cultura construidas entre los siglos VI y XII, contabilizando cerca de 4.400 sitios arqueológicos. Un lugar donde construyeron sus poblados, primero en las cimas de las mesetas y finalmente, a partir del siglo XII, en las cuevas o en las propias paredes de los cañones, hasta que fueron repentinamente abandonadas hacia finales del siglo XII por razones a día de hoy desconocidas, pues la historia pierde sus huellas poco antes de la llegada de los españoles. Los grandes poblados de piedra son testigos de una larga ocupación, contando en algunos casos con más de cien habitaciones y almacenes, siendo el conocido como Cliff Palace el mayor de estos poblados en América del Norte.
Las dataciones arqueológicas revelaron que la construcción y remodelación del Cliff Palace fue continua entre los años 1190 y 1260, aunque la mayoría de las secciones que integraban el conjunto se finalizaron en un lapso de tan solo veinte años. También sabemos que el Cliff Palace fue abandonado poco antes del año 1300, y aunque se desconocen las causas, algunas fuentes atribuyen el forzoso destierro a una serie de largas sequías que interrumpieron los sistemas de producción agrarios. Un éxodo quizás provocado por un cambio climático que amenazó las cosechas, quizás la sobrepoblación o tal vez guerras.
Los indios anasazi emplearon piedras de arenisca, mortero y vigas de madera para construir esta pequeña ciudad de piedra bajo el acantilado. Un lugar de gran belleza escénica, guarecido bajo un imponente muro de roca y flanqueado por la verde vegetación, con sus muros decorados con enlucidos de tonos terrosos que durante los siglos de abandono fueron erosionados por los elementos. Un emplazamiento estratégico que los protegía de la lluvia y la nieve en invierno y de los mayores calores del verano, además de presentar una protección natural frente a los ataques enemigos. En total, el Cliff Palace alberga veintitrés “kivas” o estancias ceremoniales que se caracterizan por su forma circular, excavadas por debajo del nivel del suelo. Además, contaba con más de ciento cincuenta habitáculos que daban cobijo y almacenaban el alimento de una población de casi cien personas. Un pueblo que dominaba la agricultura y la irrigación, cultivando maíz, alubias, calabazas o tabaco, importando los productos que no eran capaces de conseguir en estas tierras de otras culturas amerindias próximas. En algunas de estas viviendas aún se conservan los restos de pinturas decorativas sobre un revestimiento de yeso, arcilla o directamente sobre el adobe. Además, los anasazi dejaron numerosos petroglifos en los acantilados del desierto representando la caza de animales, mapas rudimentarios que indicaban lugares importantes de la región, como fuentes o poblados, cereales que representaban las buenas cosechas o representaciones de familias y danzas. Un pueblo que no conocía la escritura, la metalurgia, la rueda, o la moneda, aunque sus conocimientos de astronomía dan testimonio de una cultura rica y dinámica. Una sociedad que se organizaba probablemente en base a un sistema matriarcal, donde las mujeres eran las propietarias del patrimonio familiar, de la casa y los terrenos. Donde, según los arqueólogos, se establecían en un sistema igualitario, sin agrupaciones sociales jerarquizadas. Un pueblo que ha dejado tras de sí muchos enigmas sin resolver y un hermoso legado cultural custodiado por las altiplanicies del Parque Nacional de Mesa Verde, declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco desde al año 1978.
Cliff Palace. Parque nacional Mesa Verde. Colorado

Foto: Srikanth Jandhyala

Cliff Palace. Parque nacional Mesa Verde. Colorado

Foto: David

Cliff Palace. Parque nacional Mesa Verde. Colorado

Foto: Craig Mirkin

Fuente: Homo Arquitectus

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Artículo publicado por el equipo editorial de Primera Plana

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