Hablemos de Arte – Edvard Munch

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El grito, Edvard Munch, 1893.

A través de la pintura, Edvard Munch reflejaba sus sentimientos, anteponiendo las emociones a la realidad. Su obra, considerada como la iniciadora del expresionismo, transformó el arte de su época e influyó considerablemente en los pintores posteriores. Sus cuadros retratan melancolía, angustia, soledad y muerte; pero también podemos encontrar en ellos, reflejos de erotismo, vitalidad y deseo.

La danza de la vida, Edvard Munch, 1899.

Famoso por su obra “El grito” –una de las más parodiadas del arte–, Munch es hoy en día uno de los pintores más cotizados y considerado el mejor artista noruego de todos los tiempos. Sin embargo, este personaje es mucho más que un solo cuadro. Comenzó a pintar desde su adolescencia y jamás dejó de hacerlo, por lo que entre su producción hay más de 1,800 óleos y 10,000 grabados.

Melancolía, Edvard Munch, 1894-95.

Edvard Munch fue un hombre solitario, con una vida difícil y melancólica (perdió a su madre y a su hermana cuando era muy joven). Su padre, un hombre religioso y estricto, fue quien –según el propio artista– forjó en él una personalidad conflictiva y, a la vez, su genio. El alcoholismo y la depresión lo atormentaron durante su madurez, lo mismo que la soledad, la angustia y el nerviosismo.

.Fue discípulo del pintor naturalista, Christian Krohg. Durante sus primeros años, sus trabajos tienen una clara influencia del impresionismo y postimpresionismo, mas poco a poco, va surgiendo su propio estilo. Durante 1892 realiza varias exposiciones en Europa, una de ellas en Berlín, que generó escándalo, por lo que fue retirada.

En 1893, a la edad de 30 años, pintó “El grito”, cuadro que formó parte de su ciclo pictórico, El friso de la vida, que incluye sus obras realizadas durante la década de 1890 a 1900, las cuales son las más conocidas del pintor.

Atardecer, Edvard Munch, 1888.

Munch escribió en 1892, al respecto de “El grito”: «Iba por la calle con dos amigos cuando el sol se puso. De repente, el cielo se tornó rojo sangre y percibí un estremecimiento de tristeza. Un dolor desgarrador en el pecho. Me detuve; me apoyé en la barandilla, preso de una fatiga mortal. Lenguas de fuego como sangre cubrían el fiordo negro y azulado y la ciudad. Mis amigos siguieron andando y yo me quedé allí, temblando de miedo. Y oí que un grito interminable atravesaba la naturaleza»1.

.Edvard Munch murió el 23 de enero de 1944, a las afueras de su ciudad natal, Cristianía (hoy Oslo). Tras su fallecimiento, su obra es donada a su ciudad.

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Artículo publicado por el equipo editorial de Primera Plana

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